PRINCIPIO 8: Comunidades Plasmadas por el Evangelio

“La vida religiosa-apostólica representa una especial consagración a Dios, que perfecciona y completa la consagración bautismal, y revela al mundo, en forma concreta, nuestra preocupación por los bienes espirituales futuros” (C. 44). Por eso nos comprometemos a ser comunidades plasmadas por el Evangelio, atentos a las urgencias de nuestros tiempos, viviendo nuestra consagración religiosa como servicio humilde y dispuesto (PAR, p. 9).

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