Qué importante es detenernos en la humildad, y ayudar nos mutuamente a descubrir su valor en la educa ción de nuestros niños y jóvenes. Porque si como educadores piamartinos, comprendemos la necesidad de salir del “propio mundo”, para entrar en las realidades de nuestros niños y jóvenes, ejercitaremos más profundamente
la humildad.

La humildad en la educación piamartina es un valor, por eso lo hemos declarado en nuestro PEP, como uno de los diez valores que promovemos y motivamos en la formación de nuestros estudiantes. Pero este valor parte en primer lugar de nosotros educadores, considerando educadores por excelencia a los
padres, y creo que parte de la simplicidad de reconocer que no somos superiores a nadie, y que la verdad no la tenemos. Creo que estas dos disposiciones interiores son expresiones de vivencia del valor de la humildad.
Es difícil no creerse superiores, es difícil no creerse dueños de la verdad, por el orgullo que tantas veces reina en nosotros, pero como nos dice Jesús: “aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”, siguiéndolo a él , vivenciando una espiritualidad más profunda daremos pasos, que nos llevarán a ser más libres y conscientes de nuestra fragilidad y de su presencia misericordiosa. En este reconocimiento, vivencia y apertura, creo que acogeremos mejor a los otros, que pueden ser colegas, amigos, hijos, hermanos, o con quienes tenemos la tarea de acompañar.
El ejemplo de nuestro fundador anima nuestra experiencia cristiana, por eso que dejemos que nos hable al decirnos:

“¿Quieres que Dios te tenga para grandes cosas?, busca primero ser el más humilde de todos”.
Feliz 18 y bendecido mes de la Patria,
P. Humberto Loyola G., FN.

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Boletín N°21 - Septiembre 2016

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